OTOÑALES

El Sol palidece; la niebla
va enredando en las zarzas su encaje,
se encapota el azul, y no cantan
alegres las aves.
Desnudas las frondas
los rumores que fingen son ayes,
y arpegios sin ritmo
de hondos sones, pausados y graves.

Aún más triste es tu otoño, alma mía,
pues tus frondas son siempre jarales,
y en frondas sin flores
ni cuelgan sus nidos, ni cantan las aves.

 

Entradas Relacionadas